Hno
Mauricio Silva, “descentrándose” perdió su corazón por Jesús, por los
hermanos..
Ya próximos al 14 de junio, Memoria de la
desaparición del Hno Mauricio Silva “el cura barrendero” (1977, Argentina, a
manos de la dictadura militar) escribo, como lo vengo haciéndo en los
últimos años, un mínimo artículo sobre este muy querido hernano nuestro en la
Espiritualidad, y como siempre aclaro, a quien no conocí, y solo movido por el
aprecio y admiración fraternos.
Me quería referir aquí a la última etapa, a la última opción de su vida, ser un Pequeño Hermano del Evangelio,
opción esta que asume en sí misma a un Jesús “que
no vino a ser servido sino a servir” y eligiendo como el P de Foucauld, “el
último lugar como Jesús” .. con
estas premisas, vemos de inmediato un sumergirse en una espiritualidad, en un
camino que conlleva todo un trajado personal, interior, que impregnará la vida
misma, por amor a Jesús y a los hermanos.
En otras épocas, tal vez
dentro de
contextos o lenguajes más duros se diría “el olvido de sí mismo” o “el
anonadamiento”, términos que quizás a la mujer y al hombre de hoy le digan
poco, o al menos le resulten un tanto extraños.. hoy, asumiendo tambien a los
nuevos aportes, por ejemplo de la psicología, o de algunas filosofías, vamos
integrando el término “descentrarse”
(decentering) un salirse del centro, no buscar ser el centro de nada, y
esto, sin lugar a dudas, aporta a un estilo de vida, una forma de relacionerse
con Dios, con los hermanos, con la Creación toda, mucho más sana, armoniosa,
fraterna, cuando no esperas nada, todo se convierte en novedad, en regalo..
Vivir descentrado, en seguimiento de Jesus y por
amor a los hermanos, supone toda una revolución, una entrega en pos de la
Fraternidad Universal, ser hermanos de todos (y que vence también el exitismo
novedoso, del que no escapan algunas espiritualidades, y que nos puede subyugar
también a cualquiera de nosotros) optando por la pequeñez cotidiana, nazarena,
como espacio privilegiado para la revelación del Rostro, de la ternura de Dios
al Pueblo y de seguro así lo vivió este Hermano nuestro, cuando empezó a
preparar su corazón, afinar sus miras, su espera paciente para vivir sumergido
en la vida, en toda la vida de sus compañeros de laburo, los barrenderos
municipales de la ciudad de Buenos Aires, seguro a más de uno que miraba de
lejos, esta opción y aceptación le deben haber parecido una locura.. Tanto para Mauricio como para “cualquier otro
foucauld” si bien no le está vedado el ser líder, ¡y si toca liderar se lidera!
se sentirá más a sus anchas, en su puesto, en medio de esta revolución, siendo
uno más entre todos, hombro con hombro, transpirando la camiseta (ahora que ya
estamos en época del Mundial) junto a los otros compañeros, “en el
corazón de las masas” , sosteniendo, animando el Encuentro.. No me
resulta difícil, dentro de la gran Comunión de los Santos, tan amada por Carlos
de Foucauld, imagínar que al Hno Mauricio “un descentrado”, le hace muy feliz,
que su vida, su testimonio, en lugar de hacerlo centro, por el contrario,
ilumina, visibiliza la vida de tantas y tantos de sus hermanos en la
espiritualidad, de fraternidad, siendo y sintiéndose “uno más y en la fila” sin
distinguirse en nada de sus compañeros de ruta, reconociéndose a sí mismo en ellos.
Su vida y testimonio estuvieron ancladas “en
las tres E” que animan, dinamizan y acompañan la vivencia de esta
espiritualidad: el Evangelio, como única Regla de vida, primeramente
encarnándolo en la propia realidad vivencial, personal y comunitaria, y compartido
con todos como camino de Liberación y Vida, que tiene como primeros
destinatarios, nuestros hermanos los pobres, los últimos, los postergados,
descartados.. la Eucaristía, celebrada en Comunidad, recibida como alimento, y
que nos anima a convertir nuestras propias vidas en alimento deborable para
saciar el hambre de los hermanos, y Adorada, dimensión esta de la oración, tan querida y significativa para
nuestra Familia Espiritual, estar ante Él, en presencia silenciosa, amorosa,
reconociéndolo como Nuestro Bienamado Señor Jesús .. y la Evangelización, en la
medida en la que se sigue avanzando en el conocimiento de los últimos y
decisivos años de la vida de Carlos de Foucauld, también se ilumina su misión..
en algunas épocas se hablaba de “escondimiento” hoy sabemos que toda su vida,
sus miras, sus esfuerzos fueron evangelizadores, así, cualquier persona que
asuma su espiritualidad, sean laicos, curas, hermanitas, monjes, ermitaños y a
cuantos Dios llame a ella, están empeñados en esto, Anunciar!
Algunos desafíos que pueden surgir al hacercarnos a una vida como la del Hermano Mauricio, que tiene la
fuerza para interpelarnos fraternalmente serían “el no apropiarnos de él” pues lo pincelaríamos con nuestros propios colores, desfigurando una hermosa obra
de Dios, única e irrepetible, como lo es toda vida. Preguntarnos si el
Hno Mauricio es un buen mensaje para compartir con nuestros jóvenes y cómo hacerlo, siendo
un testimonio de los mejores valores de hermandad, de justicia, de
entrega,.
Sigamos descubriendo la figura y el mensaje que
nos puede aportar, que sigan adelante aquellos a quienes les corresponde la
búsqueda de la Verdad sobre su último destino, seguramente doloroso,
martirial.. El pasado 20 de mayo, en la multitudinaria e impresionante Marcha
del Silencio en Uruguay, al escuchar su nombre, volvimos a decir un
claro y contundente ¡Presente!
Jorge Márquez (miembro de Familia Espiritual de
Foucauld)